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Full text of "De balcón a balcón : entremés en prosa"

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JUJ     í 


SEBASTIAN  ALONSO  GÓMEZ  y  PEDRO  MUÑOZ  SECA 


e  balcón  ti  balcón 


ENTREMÉS  EN  PROSA,  ORIGINAL 


SOCIEDAD  DE  AUTORES  ESPAÑOLES 
Núñez  de  Balboa,  12 


ieo7 


1/ 


DE  BALCÓN  Á  BALCÓN 


Esta  obra  es  propiedad  de  sus  autores,  y  nadie  po- 
drá, sin  su  permiso,  reimprimirla  ni  representarla  en 
España  ni  en  los  países  con  los  cuales  se  hayan  cele- 
brado, ó  se  celebren  en  adelante,  tratados  internacio- 
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daction  reserves  pour  tous  les  pays,  y  compris  la  Saé- 
de,  la  Norvége  et  la  Hollan.de. 


r  r 


DE  BALCÓN  A  BALCÓN 


ENTREMÉS  EN  PROSA. 


ORIGINAL  DE 


SEBASTIAN  ALONSO  GÓMEZ  y  PEDRO  MUÑOZ  SECA 


Estrenado  en  el  TEATRO  DE  APOLO  de  Madrid,  la  noche 
del  5  de  Abril  de  1005 


SEGUNDA  EDICIÓN 


MADRID 

R.  Velasco,  impresor,  Marqués  de  Santa  Ana,  11 
Teléfono  número  551 

1007 


<Jl  císaSeí  tffirú 


Temíamos  que  con  el  libro  de  Jeremías  cayese 
al  foso  este  entremés;  peto  la  gracia,  la  hermosura 
y  el  talento  artístico  de  usted,  tan  fielmente  secun- 
dadas por  el  genial  ador  Anselmo  Fernández, 
hicieron  que  De  balcón  á  balcón  lograse  el 
beneplácito  del  público. 

Dígnese  aceptar  con  esta  dedicatoria  un  aplauso 
cariñoso  y  el  testimonio  de  admiración  y  gra- 
titud de 


&  &¿& 


Madr.id,  Atril.  1905. 


REPARTO 


PERSONAJES  ACTORES 

LOLA Seta.  Brü. 

JEREMÍAS Sr.       Fernández. 

ZAMUDIO Carrión. 

HOMBRE  l.o Mihura  Alvarez. 

ÍDEM  2.o Soriano. 

ÍDEM  3.° Rodríguez. 

Vecinos  y  transeúntes 


La  acción  en  Madrid. — Época  actual 


Las  indicaciones  del  lado  del  actor 


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DE  BALCÓN  Á  BALCÓN 


Telón  corto  que  figura  la  fachada  de  dos  casas  á  la  altura  de  los 
pisos  segundos.  Un  balcón  saliente  á  la  derecha  y  otro  á  la  iz- 
quierda, cuyas  repisas  están  al  nivel  del  escenario.  Entre  los  dos 
balcones  la  divisoria  que  marca  pertenecer  a  casas  distintas.  Los- 
dos  abiertos  de  par  en  par.  El  de  la  derecha  corresponde  á  un 
gabiuete  amueblado  con  elegancia:  el  de  la  izquierda  al  de  una  ha- 
bitación de  un  estudiante  en  casa  de  huéspedes.  Debajo  de  este  bal- 
cón estará  abierto  un  escotillón  para  que  figure  caer  á  la  calle  el 
libro  íte  Jeremías  y  suban  las  voces  de  los  personajes  que  toman 
parte  en  la  escena.  Es  por  la  tarde. 


ESCENA    PRIMERA 

LOLA    y    JEREMÍAS 

(Lola  sentada  al  pie  del  balcón  en  una    silla   baja,    bordando.    Jere- 
mías eu  el  de  la  izquierda  hace  cigarrillos  del  tabaco  que  tiene  en  un 
papel  puesto  sobre  otra  silla  frente  á  la  que  ocupa.  Los  dos  de  perfil 
al  público. ) 

JjOLv  (Cantando  mientras  borda.) 

Sienta,  moreno,  plaza 
para  que  lleves 

¡Póm-pórn! 
lo  que  más  se  destaca 
del  batallón. 

¡Póm-póm! 

(Dejando  de  bordar.)  ¡Ay,  qué    dolor    tengo    en 

613143 


—  8  — 

la  espalda!  Como  que  llevo  más  de  dos  hc- 
ras  con  el  póm-póm,  digo,  con  la  aguja, 

dale  qiie  le  dss.  (Dejando  el  bastidor  en  el  suelo  á 

su  izquierda.)  De  buena  gana  me  asomaría  un 
rato.  Pero  en  seguidita:  para  que  me  entren 
ganas  de  toser  y  diga  el  vecino  que  es  la  se- 
ñal que  le  hago  para  que  salga  á  hablar  con- 
migo... ¡Será,  tonto!  ¡Cualquier  día  vuelvo  á- 
toser  estando  asomada!  ¡Aunque  reventara! 
Por  supuesto  que  la  tonta  soy  yo  por  pri- 
varme déla  única  distracción  que  tengo  en 

Casa.   (Levantándose    y    asomándose  muy    decidida.) 

Pues  me  asomo,  ea;  que  para  eso  es  mío. 

(Miraudo  al  balcón  de  la  izquierda.)    No    está:    me 

alegro.  Y  como  llegue  á  salir  y  se  tome  la 
menor  libertad,  lo  planto...  ¡vaya  si  lo  plan- 
to! ¡Y  poquito  que  me  gustaría  dejar  plan- 
tado á  un  hombre!  ¡No  quisiera  más  sino 
que  saliera  y  cantara  aquella  copla  de 

Con  los  besos  de  mis  labios 

tus  lágrimas  secaría... 
Porque  eso  lo  dijo  por  mí. .  ¡vaya  si  lo  dijol 
¡La  verdad  es  que  tiene  un  carácter  tan  ale- 
gre... y  es  tan  simpático!  Un  hombre  así  es 
el  que  yo  he  soñado  para  marido.  ¡Para  ma- 
rido! Sí,  sí.  Lo  esperaré  sentada,  porque  de 
pie  me  voy  á  cansar,  (pausa.)  ¡Ay,  qué  bien 
se  respira  aquí!  ¡Como  que  estoy  en  las  nu- 
bes! ¡Cuidado  con  el  capricho  de  hacer  las 
casas  tan  altas!  ¡Así,  cualquiera  pesca  un  no- 
vio! Aunque  pasen  los  muchachos  por  la 
calle,  como  si  no.  ¿Quién  se  va  á  fijar  á  es- 
tas alturas  en  si  una  es  bonita,  ó  simpática, 
ó  si  tiene  los  ojos  negros,  ó  la  boca  chica?... 
No  quiero  acordarme  del  muchacho  que  me 
echó  el  piropo  la  otra  tarde  al  pasar.  No 
pude  corresponderle  ri  con  una  sonrisa: 
como  que  cuando  llegaron  á  mí  sus  palabras 
ya  había  dado  vuelta  á  la  esquina.  No  sa- 
ben las  andaluzas  la  ganguita  que  tienen 
con  sus  ventanas  bajas  veladas  por  la  celo- 
sía. ¡Qué  encanto  de  ventanas!  ¡Asi,  no  tie- 
nen más  que  asomarse  y  ya  están  al  alcance 
de  todas  las  miradas  y  de  todas  las  fortunas! 


—  9  — 

(Volviendo  á  mirar  al  balcón    con    insistencia    y   algo 

más  que  curiosidad.)  ¿Pero  qué  le  ocurrirá  al  ve- 
cino que  no  saleV...  ¿Estará  enfermo?...  (incli- 
nándose sobre  la  barandilla  para  ver  mejor.)  El  bal- 
cón lo  tiene  de  par  en  par.  ftstará  estudian- 
do. Tiene  cara  de  ser  muy  aplicado..  ¡A.y, 
qué  picor  me  ha  entrado  en  )a  garganta! 

(Carraspeando  muy  suavemente)  Nada,  que  no  Se 

me  quita...  Y  voy  á  tener  que  entrarme, 
porque  aquí  no  toso...  ¡Cualquier  día!  (como 
antes.)  Y  que  no  voy  á  tener  más  remedio... 

(Tosiendo  muy  suavemente.)  Y    que    no    aguanto 

más,  ea...  ¡Con  lo  propensa  que  soy  á  pade- 
cer de  anginas!  La  verdad  es  que...   ¡Je,,  je, 

je!  (Tosiendo  fuerte.) 
•jER  . ,  (Dejando  de  hacer  pitillos  al  oir  la  tos.)  La  vesina... 

primer  toque  de  llamada. 
Lola  (Tosiendo.)  Je...  je...  je...  Vaya  un  fastidio  de 

tos...  l'ues  si  cree  que  es  por  él,  que  lo  crea;  á 
bien  que  es  mentira. 

JER.  ¡Y  quién  Sigue    estudiando!  ..    (Levantándose.) 

Aquí  quisiera  yo  ver  á  mi  padre,  á  ver  lo 
que  hasía. 

Lola  Y  si  sale  que  salga;  con   no  mirarlo...  y  si 

me  habla,  con  no  contestarle...  y  si  se  pone 
muy  pesado,  con  entrarme,  en  paz. 

Jer.  (Haciendo  lo  qu:  dice.)  Me  despeinaré  un  poco 

para  que  crea  que  estaba  estudiando...  Y 
un  libro  en  la  mano...  el  más  grande;  éste... 

(Saliendo  al  balcón  y  saludando.)     Buenas    tarde8, 

vesinita. 

LOLA  (Agradablemente  sorprendida,  pero  sin  mirar,  afectan- 

do una  seriedad  que  está  lejos  de  sentir.)    (¡Ay,  que 

estaba  ahí!) 

Jer.  Creí  que  esta  tarde  no  iba  á  tener  el  gusto 

de  verle  ese  cuarto  cresiente  de  cara,  que  es 
lo  único  que  se  deja  usté  ver,  y  ya  estaba 
yo  más  apurao  que  la  coliya  de  un  Susini. 

Lola  (Tosiendo  afectadamente)  Para  que  no  crea  que 

fué  por  él:  je...  je...  je... 

JER.  (Cada  vez  más  cariñosa  y    apasionadamente.)    Como 

que  si  no  fuera  por  este  rato  tan  alegre  y 
por  el  manubrio  que  viene  á  despertarm  e 
p^r  las  mañanas,  ya  hubiera  yo  roto  en  al- 


—  10  — 

feresías.  (Lola  sigue  muy  seria,  mirando  hacia  la  de- 
•  recha,  como  si  no  hablara    con    ella.)    ¿Que   no?... 

¿Pero  es  posible  que  esa  cara  tan  bonita  no 
pueda  yo  verla  nunca  á  luna  llena?...  (pausa.) 
Vesinita,  diga  usté  algo  por  su  salú,  si  no 
voy  á  creer  que  es  usté  más  silensiosa  que 
una  casa  vasía. 

Lola  (A  este  lo  planto;  ¡vaya  si  lo  planto!)... 

Jer  .  (cada  vez  con  más  calor.)  Ya  que  no  quiere  usté 

dirigirme  la  palabra,  diríjame  una  miradita 
siquiera,  que  hase  dos  días  no  me  da  un 
rayito  de  sol  en  la  cara.  ¡Seré  yo  desgra- 
siao!...  Entre  la  falta  de  sol  y  este  uñero  que 

me  ha  Salido...  (Dejando  el  libro  sobre  el  ángulo 
de  la  barandilla  y  cogiéndose  un  dedo  de  la  mano  iz- 
quierda, como  si  le  doliera.)  ¡JoSÚS...  y  lo  que  me 

duele!... 

LOLA  (Volviendo  la  cara  para  verlo.  En  el  momento,    Jere- 

mías, para  hacer  más  patente  el  engaño,  comienza  á 
tocar  los  palillos  con  los  dedos.)  ¡Será  pillo! 

JER.  (Con  muestras    de    admiración.)    ¡Pei'0    qué    Cara, 

madresita  mía...  ¡Y  que  tenga  yo  que  en- 
gañarla á  usté  cada  vez  que  quiero  vérsela!... 
Por  masque  si  para  que  usté  me  mire  es  con- 
disión  de  que  yo  tenga  un  uñero,  soy  capas 
de  alquilar  este  dedo  para  llavín  hasta  que 
me  lo  pongan  como  un  bastón  sin  contera. 
¿Sirve? ...  Nada;  que  no  vale  usté  para  eco. 
Pues  le  advierto  que  lo  que  á  mí  más  me 
gusta  de  las  mujeres  es  la  charla;  porque 
una  mujer  muda,  es  como  un  vaso  vasío, 
cuando  se  tiene  sed.  Además,  que  ya  me 
está  usté  resultando  una  mijita  antipática, 
vesina. 

JjOLA  (Con  sequedad  y  sin  mirarlo.)   Me  alegro    mucho. 

Jer.  ¡Ole  ya!  Gracias  á  Dios  que  abrió  usté  el 

pico,  mi  alma.  Es  usté  más  tardía  en  arran- 
car que  un  coche  de  punto. 

JjOLA  (Disimulando  la  lisa  y    mirándolo.)  Si    Cree    USted 

que  le  voy  á  reir  la  gracia,  está  equivocado. 

Jer  .  Si  yo  sé  que  es  usté  más  seria  que  una  pom- 

pa fúnebre...  ¡Y  mire  usté  que  tener  esa  se- 
riedad á  los  veinte  años! 

Lola  (sorprendida.)  (¡Ay,  quién  se  lo  habrá  dicho!) 


—  11  — 

Jer.  Por  más  que  en  el  mundo  tiene  que  haber 

de  todo:  mujeres  alegres,  mujeres  tristes, 
mujeres  grasiosas...  mujeres'  esaborías... 

Lola  ¡Ay,  pero  no  se  cansa  usté  de  tanto  hablar! 

Jer.  (No  sabe  que  hacer  del  libro,  ya  lo  tiene  en  una  mano, 

ya  en  otra,  debajo  del  brazo,  y  siempre  demostrando 
que  le  embaraza  mucho.)  ¿No    le    gustan    á    USté 

los  hombres  que  hablen? 
Lola  A  mí,  no,  ¿por  qué? 

Jer  .  Porque  si  le  párese,  nos  podremos  entender 

como  los  sordos- mudos,  con  las  manos. 
Lola  (¡Cuando  digo  que  lo  planto!) 

Jer.  ¿No  me  contesta  usté? 

Lola  Me  he  quedado  más  sorda  que  una  tapia. 

Jer.  Fíjese  ueté  bien,  niña,  que   las  tapias   sdn 

lisas  y...  (Viéndole  un  lunar  en  el  cuello.)  ¡Valien- 
te lunar  más  presioso,  tiene  usté  en  seme- 
jante sitiol 

Lola  (No  disgustada  del  piropo  y  cada  vez  más  comunica- 

tiva.) ¿Pero  todos  los  días  pe  levanta  usted 
con  la  misma  guasa? 

Jer.  ¿Y  usté  no  se  levanta  con  la  misma  cara? 

Lola  Hay  veces  que  no. 

Jer.  Ahora  me  explico  por  qué  algunos  días  ama- 

nece nublado. 

Lola  ¡De  veras! 

Jer.  (Haciendo  la  cruz  y  besándola.)  Por  estas,  que  SOll 

cruses. 

Lola  ¿Usted  es  andaluz,  verdad? 

Jer  .  Catalán.  ¿No  se  me  conose  en  el  asento? 

Lon  A  legua. 

Jer  .  ¿A  que  sé  yo  de  dónde  es  usté? 

Lola  (sonriente  )  ¿De  dónde? 

Jer.  Del  Museo  de  Arte  moderno. 

Lola  ¿Sí,  verded? 

Jer  .  Y  su  papá  de  usté  es  escultor. 

Lola  (Riendo.)  ¡Ay,  escultor! 

Jer.  '  Y  de  los  buenos;  ¡porque  mire  usté  que  para 

tallar  esa  imagenl 

Lola  ¿Ha  visto  usted? 

Jer.  Por  menos  le  dieron  á  Suslillo  una  caye  en 

Seviya. 

Lola  Pues  mi  papá  se  contentaría  con  que  le  die- 

ran una  casa  en  Madrid. 


—  12  — 

Jer  .  Y  yo  con  que  me  dejara  vivir  en  eya,  para 

estar  siempre  á  su  lao  disiéndole:  ¡rica  mía, 

quien  te  quiere  á  tí!...  ¡presiosa! 
Lola  ¡Así,  de  tú  por  tú,  con  franqueza! 

Jer.  Lo  natural,  cuando  dos  personas  se  conosen 

de  antiguo. 
Lola  Si  no  hace  quince  dítis  que  me  vio  usted  por 

primera  vez. 
Jer.  Porque  usté  no  se  acuerda.  Si  yo  la  estoy 

viendo  á  usté  desde  que  era  así  de  chiquetiyo. 
Lola  ¿A  mí?..  ¿Dónde? 

Jer  .  '    En  Seviya. 

Lola  ¿A  que  no? 

Jer.  A  que  sí,  y  apuesto  una  mano, 

i  ola  ¿La  del  uñero?... 

Jer  .  La  que  usté  quiera,  grasiosa. 

Lola  ¡Pero,  si  yo  no  he  estado  allí  nunca! 

Jer.  Entonses  la  habré  confundido  á  usté  con  la 

Virgen  de  la  Macarena, 
Lola  Ya,  ya. 

Jer.  Por  los  ojos  de  mi  cara  y  que  el  sueño  me 

envenene,  si  no  es  verdá  lo  que  le  digo. 
Lola  Jura  usted  más  que  un  gitano. 

Jer.  ¿Y  qué  voy  á  haser,  si  usté  no  me  cree? 

Lola  Buena  tonta  sería  si  le  creyese  esas  cosas. 

Jer.  Pues  si  yo  le  dijera  que  todas  las  noches... 

pero  todas,  se  me  apárese  usté  en  sueño... 
Lola  ¡Jesús,  qué  disparate! 

Jer.  ¡Disparate  soñar  con  esa  cara  que  es  más 

bonita  que  un  biyete  de  sincuenta  pesetas 

de  los  nuevos! 
Lola  Se  va  usted  á  buscar  una  ruina  comparando. 

Jer.  ¿Le  han  paresío  á  usté  pocas  las  pesetas? 

Lola  ¿Y  á  usted  le  han  parecido  muchas? 

Jer  .  ¡Como  estamos  á  fin  de  mes!... 

Lola  No  se  perderá  usted  por  falta  de  salidas. 

Jer.  Ni  usté  por  falta  de  ange,  salero;  que  tiene 

usté  la.  cara  más  sinvergonsona  que  he  visto. 
Lola  ¡Pero,  qué  descaro! 

Jer.  No  se  vaya  usté  á  enfada  por  eso,  Dolorsita. 

Lola  (Nueva  sorpresa.)  (¡Ay  qué  demonio!)   Pero, 

¿cómo  sabe  usted  mi  nombre? 
Jer.  Porque  los  nombres  se  adivinan:  ¿usté  no  lo 

sabía? 


—  13  — 

Lola  Yo  no;  ¿cómo? 

Jer.  Muy  fásil:  fijándose  en  una  persona,  estu- 

diando el  físico  y  ei  psíquico,  y  teniendo  en 
•cuenta  el  aquél  de  las  contradicsiones. 

Lola  ¡Jesús  qué  lío! 

Jer  .  Más  claro:  ¿conose  usté  á  alguna  Blanca  que 

no  tenga  el  color  del  betún? 

Lola  Verdad. 

Jer  .  ¿Y  á  una  Rosa  que  no  sea  de  pitiminí  y  ma- 

jas púnalas  le  den? 

Lola  ¡Ja,  ja,  jal 

Jer.  Pues  ahí  lo  tiene  usté.  Así,  que  en  cuanto  le 

vi  esa  cara  que  es  más  alegre  que  un  ama- 
neser,  me  dije:  Dolores  ó  Angustias;  y  ahí 
está. 

Lola  Según  eso,  se  llamará  usted  Magdaleno. 

Jer.  Ese  no  es  nombre  para  mí.    Yo  me  llamo 

Jeremías  Calvario;  conque  ya  ve  usté  si  en 
mí  se  cumple  la  regla. 

Lola  ¡VI iré  usted  que  Calvario! 

Jer.  Y  es  chico   el  que  me  está  usté  hasiendo 

pagar. 

Lola  La 'infeliz  que  se  fiara  de  usted  sí  que  lo  pa- 

saría bueno. 

Jer.  Al  contrario:  de  quien  no  debe  fiarse  nadie 

es  de  ninguno  que  se  yame  Paraíso. 

Lola  ¡Pero  qué  listo  es  usted! 

Jer.  Y  usté  más  bonita  que  un  regimiento  con 

bandera  y  música  y  banda  de  trompetas,  y 
un  general  y... 

Lola  ¡Cuántas  cosas! 

Jer.  Y  no  le  he  dicho  más  porque  me  faltó  el 

aliento. 

Lola  Pero,  vamos  á  ver:  en  vez  de  perder  el  tiem- 

po diciéndome  esas  cosas,  ¿no  sería  mejor 
que  lo  dedicara  usted  á  sus  estudios? 

Jer.  Ha  ido  usté  á  haserme  la  misma  pregunta 

que  yo  me  hago  todos  los  días:  ¿Por  qué  no 
estudias,  hombre? 

Lola  ¿Y  qué  le  contesta  el  hombre? 

Jer.  Que  no  es  por  falta  de  aplieasión,  sino  por 

las  malditas  clases.  Mire  usté  que  ponerlas 
por  la  mañana,  con  el  frío  que  hase  en  Ma- 
drí...  A  pique  de  coger  una  pulmonía.  Y  lúe- 


—  14  — 

go  mi  profesor:  mire  usté,  no  es  hipérbole 
andalusa:  pero  el  día  que  lo  veo,  me  da  más 
mala  pata  que  si  fuera  martes,  trese,  me 
nombraran  la  bicha  y  se  me  desataran  las 
sintas  de  los  calzoncillos... 

Lola  Pues  estará  usted  divertido. 

Jer.  No,  porque  no  ¡o  veo  casi  nunca.  En  fin,  la 

otra  tarde  salí  de  casa  tan  contento  porque 
había  resibido  carta  de  la  familia... 

Lola  ¿Con  buenas  noticias? 

Jer  .  Dosientas  sincuenta  pesetiyas...  Bueno,  pues 

no  hago  más  que  verlo  en  la  calle  de  Alcalá, 
me  meto  en  el  Casino,  y  á  la  media  hora 
sin  dinero. 

Lola  ¿Lo  perdió? 

Jer  .  Duro  á  duro. 

Lola  ¡Qué  raro! 

Jer.  ¿Raro?...  Lo  más  fásil  del  mundo.  Y  todo 

,  por  la  mala  pata  de  mi  profesor.  Conque  fi- 
gúrese usté  para  que  yo  vaya  á  clase.  Y  no 
hablemos  más  de  él,  no  me  vaya  á  pasar 
algo  malo. 

Lola  Pues  así  no  concluirá  usted  la  carrera  nunca. 

Jer.  Y  á  mi  qué...  tíi  yo  estudio  nada  más  que 

por  distraerme. 

Lola  Entonces  debe  estar  usted  siempre  aburrido. 

Jer.  Quiero  decir  que  no  necesito  la  carrera  para 

vivir. 

Lola  Ah,  vamos,  que  estudia  usted  por  poseer  un 

título. 

Jer.  Justo:  para  ponerlo  en  un  marco  y  adornar 

mi  despacho. 

Lola  Pues  más  barato  le  saldría  comprar  un  cua- 

dro de  Murillo. 

Jer.  Y   hflsta  resultaría  más  bonito;  pero  qué 

quiere  usté,  mi  padre  se  ha  empeñado... 

Lola  ¿Y  no  tiene  usted  deseos  de  acabar  la  ca- 

rrera? 

Jer."  De  lo  que  tengo  deseo3  es  de  otra  cosa. 

Lola  ¿De  qué? 

Jer.  De  que  empesemos  á  querernos  los  dos. 

Lola  (con  soma.)  ¿Desde  cuándo? 

Jer.  tíi  á  usté  le  párese,  podemos  dejarlo...  para, 

ahora  mismo. 


-    15     - 

LOLA  (Con  coquetería  creciente.)  Eso  no  puede  Ser. 

Jer.  ¿H&y  moros  en  la  costa? 

Lola  Ni  moros  ni  cristiano?. 

Jer.  Júremelo  usté. 

LOLA  (imitando  la  voz  de  Jeremías  y   su    acento.)  Por  los 

ojos  de  mi  cara,  y  que  el  sueño  me  envene- 
ne, si  no  es  verdá  lo  que  le  digo. 

Jer.  (con  arrebato.)  ¡Bendita  sea  su  tierra,  aunque 

sea  Galisial 

Lola  (Llena  de  asombro.)  (¡Ay,  este  hombre  es  adi- 

vino!) 

Jer.  Cuando  yo  le  he  dicho  que  nos  vamos  á 

querer... 

Lola  Y  cuando  yo  !e  he  dicho  que  no  es  posible... 

Jer.  ¿Va  usté  á  ser  monja? 

Lola  Puede  ser. 

Jer.  Pues  por  mi  salú,  que  como  usté  hisiera  la 

locura  de  meterse  en  una  selda,  era  yo 
capaz... 

Lola  De  entrar  en  otra. 

Jer.  En  la  misma;  porque  como  ahora  hay  tan 

pocas  vasías .. 

Lola  ¡Qué  gracioso! 

Jer.  (Muy  entusiasmado,  echando  medio  cuerpo   fuera   del 

balcón  con  el  libro  en  la  mano.)  ¿De  veras?  ¡Ben- 
dita Sea!...  (Con  el  entusiasmo  se  le  escapa  el  libro 
de  las  manos,  que  va  á  caer  á  la  calle.  Aterrorizado, 
viendo  que  le  da  á  un  transeúnte.)  ¡JoSÚs! 

LOLA  (Lo  mismo,  al  ver    caer    el   libro    sobre  el    hombre.) 

¡Ay!... 

Jer.  •  ¡Lo  maté!...  (Ocultándose  un  poco  instintivamente.) 

ESCENA  II 

DICHOS.    ZAMUDIO,    HOMBRES  1.°,  2.°  y  3.°  y  transeúntes 
ZaM.  (Desde  el  foro,  dando  un  grito  de  dolor.)  ¡Ay,    n.a- 

drecita  mía! 

Hom.  l.o  (Gritando.)  ¡Qué  barbaridaz! 

Hom.  2  o  ¡Levantarlol 

Hom.  3  o  ¡Aquella  señorita  del  balcón  ha  sío! 

Lola  (Llena  de  terror.)  ¡Ay,  yo. nc...  yo  no  he  sido! 

Hom.  1  o  ¡Pues  no  ha  hecho  más  que  desmocharlo! 

Hom.  2. o  ¡Le  ha  privao  na  más! 


—  líi  — 

Zam.  ¿Dónde  está,  que  lo  descuartizo? 

Lola  |Yo  no  he  sido...  yo  no  he  sido!...  ¡Asómese 

usted! 

Jer.  (Asomándose,  lleno   de  terror,    hablando    con    los   de 

abajo.)  He  sido  yo...  Se  me  cayó  sin  querer... 
'  isted  perdone,  amigo. 

Zam.  (Con  voz  dolorida  y  hecho  una    íuria.)    ¿Amigo?... 

¡Baje  usté,  so  pimpi,  que  le  voy  á  comer  las 

asadura?! 
•Jer.  De  ningún  modo. 

Zam.  ¿P°r  qué.  so  párvulo? 

Jer.  Porque  las  tengo  blancas  y  le  pudieran  ha- 

ser  daño. 
Zam.  ¡Pitorreo  encima!  ¡Baje  ustez,  que  me  voy  á 

beber  su  sangre! 
Jer.  ¿También  la  sangre? 

Lola  (a  Jeremías.)  ¡Cayese  usted,  por  Dios! 

Jer.  Pero,  hombre,  no  le  he  dicho  ya  que   me 

perdone;  que  ha  sido  sin  querer. 
Lola  (a  jeremías.)  ¿Pero  qué  ha  hecho  usted? 

Jer.  Meterle  el  Código  civil  en  la  cabesa. 

Hom.  lo     ¡Y  es  floja  la  contusión! 
Zam.  Baje  ustez,  hombre,  que  le  voy  á  mancar  la 

nuez. 
Jer.  Hasta  el  postre  lo  quiere  tomar  conmigo. 

Hom.  2  o     Yo  -que  tú  subía  á  darle  un  recao. 
Jer  Que  no  se  moleste  porque  no  recibo. 

Hom.  3  o     Yo  que  él  me  llevaba  el  cuerpo  del  delito 
Hom.  2  o     No  ha  peusao  mal  aquí  el  amigo:  de  empeño 

quizás  den  algo  por  él. 

JER.  (Fin  darse  cuenta  de   lo  que  dice.)  Etl  la  calle  del 

Arenal,  tres  cincuenta,  librería  de  la  es- 
quina. 

Hom.  2  o  Pues  anda,  vamos,  que  una  ganga  así  no 
cae  lóos  los  días. 

Jer.  ¡Y  será  capaz  de  llevárselo! 

Lola  Déjelos  usted. 

Zam.  Por  supuesto,  que  el  día  que  lo  vea  á  mi  ni- 

vel la  cirugía  va  á  tener  pa  un  rato. 

Hom.  1  '■     Vamos,  hombre,  que  no  es  pa  tauto. 

HOM.  2  o  Y  que  tú  vas  aviao.  (Aléjanse  todos,  perdiéndose 
las  voces.) 

Jer.  (viéndolos  ir.)  ¡Y  se  lo  lleva!    ¡Eh...  amigo!... 

¡Amigo!  ! 


-    17  - 
ESCENA    ULTIMA 

LOLA,    JEREMÍAS 

Lola  Déjelos  usted,  por  Dios...  ¿Le  ha   parecido 

bien  el  escándalo? 
Jer.  Lo  que  no  me  pareáe  bien  es  que  se  lleve 

mi  libro. 
Lola  De  todos  modos,  ¿para  qué  lo  quiere  usted? 

Jer.  ¡Para  venderlo!...  Para  loquelo  quiere  ese  tío. 

Loi.<\  ¡Qué  susto  me  ha  hecho  usted  pasar! 

Jer.  En  cuanto  nombré  á  mi  profesor  sabía  que 

me  iba  á  pasar  una  desgrasia. 
LaL\  ¿Pero  cómo  se  le  cayó  de  la  mano?  , 

Jer.  La  falta  de  costumbre. 

Lola  ¡Vaya  un  estudiante! 

Jer.  La  falta  de  costumbre  de  oirme  yamar  gra- 

sioso  por  esa  boca  tan  bonita. 

LjLA  (Con  mucha  coquetería  haciendo  medio    mutis.)    Me 

entraré,  no  vaya  á  decírselo  otra  vez. 

Jer.  Entonses  se  me  caía  la  cabesa. 

Lola  Procuraré  no  repetirlo. 

Jer.  Con  franquesa:  empesamos  á  querernos  des- 

de ahora  mismo,  ¿sí  ó  sí? 

Lola  Conténtese  conque  hoy  le    haya  escuchado 

tanto  tiempo. 

Jer.  Y  mañana,  ¿saldrá  usté? 

Lola  Veremos,  (ai  público.) 

Quisiera  hablar  mañana  con  mi  amigo, 
pero  no  he  de  salir,  si  no  conmigo 
<iue  logre  merecer  tu  aprobación, 
De  balcón  á  balcón. 


FIN 


OBRAS  DE  SEBASTIÁN  ALONSO 


La  víspera,  juguete  cómico-lírico  en  un  acto  y  en  prosa. 

La  macarena,  saínete  lírico  en  un  acto  y  cuatro  cuadros. 
(Segunda  edición  ) 

La  virgen  del  Rocío,  saínete  lírico  en  un  acto  y  tres 
cuadros. 

El  chalán,  entremés  en  prosa. 

Chicharra,  zarzuela  en  un  acto  y  tres  cuadros. 

El  contrabando,  saínete  en  un  acto.  (Tercera  edición.) 

El  contrabando,  saínete  lírico.  (Tercera  edición.) 

De  balcón  á  balcón,  entremés  en  prosa.  (Segunda  edición.) 

El  maestro  Lamparilla,  pasillo  con  música. 

Alma  gitana,  zarzuela  en  un  acto,  dividido  en  tres  cua- 
dros. 

Chicharra,  zarzuela  en  un  acto  dividido  en  dos  cuadros, 
en  prosa,  con  un  intermedio  musical.  (Segunda  edi- 
ción reformada.) 

Agustina  de  Aragón,  zarzuela  en  un  acto  y  cinco  cuadros. 


OBRAS  DE  PEDRO  MUÑOZ  SECA 


Las  guerreras,  juguete  cómico-lírico. 

El  contrabando,  sainete.  (Tercera  edición). 

De  balcón  á  balcón,  entremés  en  prosa.  (Segunda  edición.) 

Manolo  el  afilador,  sainete  lírico. 

El  contrabando,  saínete  lírico.  (Tercera  edición.) 

La  casa  de  la  juerga,  saínete  lírico. 

El  triunfo  de  Venus,  zarzuela. 

Una  lectura,  entremés  en  prosa. 

Celos,  entremés  en  prosa. 

Las  tres  cosas  de  Jerez,  zarzuela. 

El  lagar,  zarzuela  en  un  acto  y  tres  cuadros 

A  prima  fija,  entremés  en  prosa. 

El  niño  de  San  Antonio,  sainete  lírico. 


Precio:  HJJfl  peseta